lunes, 24 de marzo de 2014

“Nací actor, pero también me habría gustado ser torero”


Rafa Blanca: actor, director y profesor de interpretación

“Nací actor, pero también me habría gustado ser torero”

Rafael Blanca, licenciado en arte dramático, director y profesor de interpretación,  promueve la diversión, la sonrisa y la risa. Aficionado a los deportes, a su hija y a hacer feliz a la gente. “Si volviera a nacer, volvería a ser actor, pero no se lo recomiendo a nadie”, asegura Rafa, que de no haber sido actor, le habría gustado ser torero.

Entrevista y fotografía: Lara García

¿Cómo se definiría?
(Risas) Soy un ser con otros, empático. Me gusta relacionarme con la gente y el mundo que me rodea. También que la gente esté feliz a mi lado, por eso promuevo la diversión, la sonrisa y la risa. 


Teatro y obra favorita.
Mi teatro favorito es el Principal de Zaragoza, sin duda, y mi obra favorita es Luces de Bohemia, la cual tengo la suerte de estar haciendo con el Teatro del Temple. Es una gozada, un clásico y lo estoy disfrutando doblemente.

Licenciado en Arte Dramático por la Escuela Superior de Madrid. ¿Qué le llevó a elegir estudiar Arte Dramático?
Cuando nací, sabía que había nacido actor. Empecé a estudiar geografía en la Universidad de Zaragoza, trabajé en el Corte Inglés de pescadero y de frutero y fue mi madre la que me animó: “Si quieres ser actor, estúdialo y te licencias como tal” me dijo. No me lo creía, pensaba que ser actor se basaba en actuar en un teatro, pero me formé como tal gracias a que mi madre me mandó los papeles para apuntarme a la prueba de ingreso.

¿Era buen estudiante?
Era un estudiante más. Cuando nos apretamos un poco todos somos buenos estudiantes, aunque también tenía mis momentos de rebeldía.

¿Cuál era su asignatura favorita? ¿Y la que menos le gustaba?
Mi asignatura favorita era interpretación, en la que realmente aprendíamos. La más odiada, acrobacia. Soy muy torpe, una vez casi matamos a Pepe Viyuela, vino a dar una clase con nosotros y por poco no le rompemos el cuello por mi culpa.

¿Cómo fue su primera experiencia profesional?
Fue una performance en el Parque del Retiro en Madrid para la presentación de una revista. Tenía 20 años, todavía era estudiante y necesitaban diferentes personajes para amenizar la gala. Me tocó hacer de cura. Al final nos dieron un dinerillo, no recuerdo cuánto fue pero a mí me supo a gloria.

Actualmente reside en Zaragoza, pero ha vivido incluso en Polonia, Eslovaquia, Chequia o Suecia. Cuéntenos su paso por aquellos países.
En esos países estuve dando clases de interpretación a alumnos de universidad. No tenían por qué ser actores, sino que tenían unas optativas entre las que podían elegir la asignatura que yo impartía: teatro. También estuve en Venecia, el lugar que más me gustó. Necesitaba el inglés, que se lo recomiendo a todo estudiante porque, aunque parezca un coñazo, con perdón de la expresión, aprender otro idioma es necesario. Hay que agarrarse a un clavo ardiendo y escapar de este país para conocer otras cosas. Luego volver, por supuesto.

Como dice, completó su formación en Venecia con la Comedia del Arte y realizó un máster en Londres.
Sí, bueno, el máster lo hicimos en Madrid porque vinieron de la Universidad londinense de Middlesex y estuvimos allí trabajando las nuevas tecnologías. A Venecia me escapé con 19-20 años. Era un chaval de aquí, de Zaragoza, que se había ido a estudiar a Madrid y ese verano decide salir de España por primera vez y se va a Venecia a trabajar. No sabía hablar ni inglés ni italiano, pero le eché morro, disfruté, aprendí y se me abrieron muchas puertas.

También es profesor de interpretación e imparte clases particulares. ¿Disfruta más enseñando o actuando?
Actuando, estar en un escenario es mi vida. En el teatro se nos ve en los ojos que disfrutamos. Las clases son por vocación, ya no solo por necesidad, pero mi madre era profesora y yo he cogido esas ganas de enseñar. No me gusta quedarme nada para mí, me gusta enseñárselo a la gente.

En el Conservatorio Municipal Profesional de Danza de Zaragoza, ¿cuál es su función?
El profe de interpretación. Bailarinas y bailarines se forman hasta que terminan en el conservatorio a los dieciocho años. Necesitan saber qué personajes están interpretando para transmitir unas emociones. La Julieta cuando baila no es lo mismo que si baila la Bella Durmiente. Son personajes distintos y tienen que entenderlo para emocionar con su cuerpo. Los bailarines tienen el código de la danza; los músicos, el del instrumento, el de la música; los actores, el de la palabra, el verbo, el cuerpo; los de la ópera, el canto.

Por lo tanto, está unido a la música, ¿qué tipo de música suele escuchar?
Me gusta todo tipo de música. Empecé desde niño a escuchar reggae, aunque mi música favorita es el flamenco y también la música de autor. Lo que menos, las músicas electrónicas.

Actualmente trabaja en las compañías “Gato Negro” o “Teatro del Temple”, pero también ha trabajado en cine y televisión. ¿Por cuál de las dos se decantaría?
Cine, creo. En la televisión, si sales en muchos capítulos, acabas acostumbrándote. En el cine haces la película y cuando la ves disfrutas del estreno. Tiene mucho más trabajo, pero es un arte más antiguo que la televisión. Por lo tanto, me gusta más el cine.

¿Y entre cine y teatro?
Teatro. Nací para ser actor de teatro.

Ganó cierta popularidad gracias al programa de humor futbolístico “Y en el fondo norte” de Aragón TV. Como aficionado de este deporte, ¿le resultaba más fácil o más difícil que de costumbre imitar a jugadores y personas vinculadas al Real Zaragoza?
Mucho más fácil y sobre todo más fácil que al resto de mis compañeros. No creo que les moleste si digo que ninguno de ellos tenía idea de fútbol. Chavi Bruna es el único, pero por ejemplo Jorge Usón, el gran “Chopper”, no tenía ni idea de fútbol y le costaba aprenderse las canciones de animación de los clubs. Yo, como aficionado, tenía ese gusto y esa facilidad al entender cuál era el mundillo que rodeaba al Real Zaragoza.

¿Cuál era su personaje preferido a la hora de imitarlo?
A mí el que más me gustaba era Lafita, aunque creo que a la gente el que más le gustaba era el presi, Agapito.

¿Alguna anécdota que se pueda contar?
Hay muchísimas anécdotas, pero hay una básica. Cuando nos ponían los partidos los domingos o los lunes por la noche, al punto de la mañana del día siguiente tenían que estar los guiones hechos y aprendidos. Muchas veces no nos daba tiempo a aprenderlo bien y teníamos que improvisar, ahí era de donde salían los grandes momentos, las locuras de la improvisación.

¿Real Madrid, FC Barcelona o… Real Zaragoza?
Real Zaragoza y luego, no me corto al decirlo, Real Madrid y el Real Betis Balompié, que son los equipos tirando para mi tierra. Nací a 300m del Bernabéu y mi familia siempre ha sido madridista, lo que pasa es que al llegar a Zaragoza te agarras al club de tus amigos, al que te abonas, al que ves todos los días, al más humilde.

¿Cómo ve la actual situación del club?
 Infame. Ya no es ni un club. Lo único que lo soporta es la masa social, que al ser histórica siempre va a tener bastante fuerza detrás. No es un club nuevo que se puede desvanecer.

También sigue el motociclismo, ¿cuál es su piloto favorito?
El motociclismo es un deporte que me gusta, soy fan de todos, pero los que más sigo y a los que más aplaudo son Jorge Lorenzo y Álvaro Bautista, los que para mí tienen la cabeza mejor amueblada ahora mismo. A ver Álvaro, este año tiene que explotar.

¿Y si tuviera que elegir entre que el Real Zaragoza ascienda a Primera División o que Jorge Lorenzo gane este mundial?
El ascenso del Real Zaragoza, sin ninguna duda.  

Los toros son otra de sus pasiones, ¿cuándo comenzó esta afición?
Un 23 de abril, San Jorge, que tenía yo 5-6 años. Mi tío de Jaén estaba en Zaragoza esos días y me llevó a la plaza. Toreaba Ruiz Miguel, buen cartel. Recuerdo que nos llevamos unas banderillas, mi tío por ser policía las consiguió. Me llamó muchísimo la atención la plasticidad, los colores, el aroma, el movimiento, la gente… Debió ser una buena corrida porque se sabe que si vas por primera vez y es un aburrimiento, cuesta volver.

¿Qué ruedo y torero son los que más le gustan?
El ruedo que más me gusta y donde más disfruto es el de Céret, que es una ciudad francesa. Toreros… soy seguidor de Morante de la Puebla pero me gusta mucho Fernando Robleño.

¿Tiene alguna otra afición?
El ciclismo. He sido ciclista desde crío, bueno… salía en un grupo aquí en Zaragoza. También aficionado a mi hija, a ser padre, una afición que hay que tener. Aficiones las que me echen, vicios todos (risas).

Hablando de su hija, ¿cómo compagina su vida profesional como actor y su vida personal como padre de la pequeña Jimena?
Haciendo puzles, literalmente. Mi aplicación de horarios del móvil está siempre llena: “estar con Jimena”, “estar en clase”, “ir a buscar a Silvia, mi chica”. Cuando puedo compaginar, mezclando hija con teatro, que la llevo a algún ensayo o a verme actuar, lo disfruto mucho porque ella también disfruta.

¿Le gustaría que su hija se dedicara también al teatro?
Me gustaría que se dedicase a lo que ella considere, pero no. Siempre digo “si volviera a nacer, volvería a ser actor, pero es algo que no se lo recomiendo a nadie”. Es muy duro.

¿Algún personaje u obra que le gustaría protagonizar?
Cualquiera es bueno, no tengo un mito. Hay compañeros que dicen “me gustaría hacer Hamlet” o “me gustaría hacer Max Estrella”. Yo no, a mí me gustan todos los personajes.

¿Ha pensado en producir una obra?
Para eso se necesita mucho dinero. No me gustaría, de hecho he ayudado a producir, pero no me gusta porque lleva demasiado trabajo y no estoy hecho para eso. Lo haría mal, tendría que aprender. Me gustaría más producir cine o televisión, eso sí, porque necesita más energía que producir una obra de teatro.

Actuar frente a frente con el público es complicado, ¿qué consejo daría para superar el miedo escénico?
El miedo escénico es algo innato, todo ser humano tiene miedo escénico, incluso nosotros, lo que pasa es que hemos aprendido a rebajarlo. Siempre hay que guardarse un poco de nervios, sino saldrías relajado y tienes que salir activo. Relajarse con la respiración, con las ganas de hacer. Si sabes lo que vas a hacer y respiras un poco, se acaba solucionado. Además, los resultados son mejores si has estado nervioso, al acabar la adrenalina sube.

En cuanto a la actual cultura española, ¿qué opina?
Deberíamos seguir el modelo cultural francés, por ejemplo, no en el caso de dar más dinero a la cultura porque considero que igual habría que empezar a quitar alguna, más que nada porque si la gente se acostumbra a vivir del dinero que te dan a fondo perdido al final no avanzas. Necesitamos vender productos como tal, que la gente los compre, pero teniendo algunas ayudas porque el mercado cultural es un mercado de riesgo, es decir, no es algo básico. El ocio es más difícil para eso, pero no puedes acostumbrar a la gente a que hagan lo que hagan van a conseguir dinero. Ahí está malentendido el mundo de la cultura hoy en día y por culpa de unos pocos piensan que el resto somos gente que vivimos de tocarnos la tripa. No es así.

¿Tiene algún otro proyecto en mente?
Sí, me gustaría hacer un monólogo teatral, no monólogo cómico como los que hago con improvisación con el Club Desastre, sino al estilo de otros grandes como El Brujo o Alberto Castrillo. Monólogos que pueden durar dos horas, con una gran historia y muchos personajes. Yo creo que ahora es el momento de empezar a hacerlo, tengo ideas en la cabeza. Igual también un diálogo con algún compañero como Paco Fraguas.

De no haber sido actor, ¿qué le habría gustado ser?
Torero. Creo que todos somos exhibicionistas por naturaleza pero los que se dedican a las artes escénicas tienen un punto más de ego que hay que controlar. Necesitas hacer feliz a la gente, que el público esté contento, ya sea en un ruedo, en un concierto, en un escenario de teatro o en un deporte. Es un buen sitio para hacerlo.

 ¡Espero que os haya gustado!

lunes, 3 de marzo de 2014

Pedro García Aguado: "Llegué a hacer cosas que no quiero recordar solo por el hecho de poder seguir drogándome"

Pedro García Aguado, más conocido como Hermano Mayor, se convirtió en uno de los mejores jugadores del waterpolo español. Sin embargo, el éxito profesional le llevó al fracaso personal. Comenzó a consumir drogas con 14 años y su adicción se fue desarrollando paralelamente al deporte hasta el punto de necesitar drogarse para sentirse bien.

Entrevista realizada por Leire Dieste y Lara García
 
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Fotografía: Leire Dieste
Su adicción a las drogas y al alcohol comenzó a la vez que empezaba su carrera en el waterpolo. ¿Por qué esa adicción?
Para situar, empecé a consumir con 14 años. Sí que es cierto que ya desde muy pequeño tenía mucha tolerancia al alcohol, no sé si en ese momento ya era adicto, con lo cual posiblemente mi adicción se fue desarrollando paralelamente al deporte y al éxito deportivo. Necesitaba drogarme para sentirme bien. El deporte también lo utilicé como droga, ya que también me hacía sentir bien cada vez que hacia un buen entrenamiento, un buen partido. Con lo cual una razón de por qué me convertí en adicto, porque tomé drogas.

¿Qué le llevó a pedir ayuda y cuáles fueron sus motivaciones para salir del mundo de las drogas y el alcohol?
No hay una motivación consciente de voy a seguir drogándome. Yo no tenía conciencia de que lo que me estaba pasando era un problema y mucho menos que era drogadicto. Tenía estigmatizada esa palabra a las personas que vivían en barrios marginales o tenían que ver con otro tipo de droga como podía ser la heroína, con lo cual no era consciente de eso. Para salir del mundo de las drogas y el alcohol la principal motivación que tuve fue el deterioro físico y mental al cual había llegado. El haberme separado de dos mujeres, tener dos hijas de mujeres diferentes, no tener dónde caerme muerto, haber hecho que mi madre viniera de Madrid a Barcelona para poder vivir con alguien y, sobre todo, el deterioro de la dignidad personal. Llegué a hacer cosas que no quiero recordar solo por el hecho de poder seguir drogándome. Principalmente me ayudó mi familia.  

Una vez superada esa adicción, ¿cómo definiría esa etapa de éxito profesional y fracaso personal?
Lo que al final me ha quedado de todo aquello son muchas experiencias, valores o capacidades que pongo ahora en mi vida diaria. El éxito profesional lo que me ha enseñado es que el éxito y el fracaso son dos grandes impostores, ya que, triunfando aparentemente, lo que me estaba pasando es que como persona estaba fracasando. Pero de toda esa experiencia es de donde he sacado todos los conocimientos para dedicarme a lo que me dedico. Con esto quiero decir que tanto uno como otro me ha servido para aprender.

¿Qué sintió el día que ganaron la medalla de oro en los juegos de Atlanta en el 96?
Para nosotros esa medalla era el último cartucho, ya que habíamos perdido, o ganado la de plata en los JJ.OO de Barcelona 92. La sensación que tuve fue de satisfacción, porque yo como siempre jugaba al límite. Si no hubiéramos ganado esa medalla, yo creo que nos hubieran echado a todos del equipo. Era un equipo deteriorado, no nos llevábamos bien con el entrenador y había muchos problemas. Aquella medalla de oro nos sirvió para reafirmarnos, para coger aire y sobre todo coger gasolina para cuatro años más. Para mí fue una gran satisfacción, pero al mismo tiempo fue una justificación más para poder celebrar algo, ya que cuando nos subimos al podio lo único que dije fue “vámonos ya de aquí que lo que quiero es llegar y coger una botella de vino”. Pero la sensación fue de haber realizado un buen trabajo, de haberlo conseguido después de haber sufrido mucho hasta llegar ahí.

En cuanto al programa de Hermano Mayor, ¿cómo nace el proyecto?
Es un proyecto que viene de Francia, de una productora francesa. Cuando había revueltas en los barrios periféricos de París, la figura del hermano mayor es la figura del jefe de las bandas, pero luego se convierte en interlocutor con los ayuntamientos y es la figura que apacigua un poco los disturbios. La idea en España lleva metida en los cajones de Telecinco durante mucho tiempo, lo rescata la productora Plural que es la que sigue teniendo los derechos aquí en España y mandan mails a educadores, psicólogos, etc. Yo me acuerdo que en aquel momento estaba trabajando como terapeuta de adicciones en un centro donde yo me había recuperado. Había publicado el libro, por ello se ponen en contacto conmigo. Gracias a mi experiencia y gracias a cómo en el casting yo me enfrento con un chaval, cuando nadie lo había hecho, les gusto y me contratan. Fue algo totalmente accidental. Yo creo que, más que por la altura, impongo porque cuando digo las cosas, las digo con conocimiento de causa, ya que yo he sido como esos chavales, he pensado como ellos y sé las excusas que se dan. Por ello los tíos cuando me ven llegar lo que les jode es que muchas veces les voy a dar en el clavo. Además, en cada actividad estamos como dos o tres horas aunque en el programa se vea solamente 3 minutos.

En el programa hay adolescentes que han perdido el buen camino de la vida. ¿Cuáles son las principales pautas que deben seguir unos padres para reconducir a su hijo?
Primero los padres tienen que darse cuenta de lo que ellos pueden hacer como padres, es duro ver que se han equivocado educando, que no han sido capaces de poner límites o incluso han sobreprotegido, con lo cual los hijos se han convertido en unos tiranos. Como eres mi hijo te quiero y, por ello, voy a hacer todo lo posible para reconducir esta situación para que el día de mañana tú no tengas los problemas de ahora. Cosas que deben hacer: saber cómo poner límites, saber cómo ganarse el respeto, que para eso son los talleres que hemos venido a dar en Ibercaja. Este tipo de talleres van muy bien para que padres con no muy buena autoestima, con no muy buena capacidad de formación para educar, recuperen esa autoridad dentro de casa y sobre todo se atrevan a poner normas a veces drásticas. 

Como sabemos no todo lo que sale en la tele es real. ¿Hay ficción en su programa o realmente son casos que pasan de esa manera en la realidad?
Todo lo que pasa en Hermano Mayor es real. Chicos que la terapia les ha venido muy bien en un momento, como luego no han seguido con esa buena actitud, han empezado a decir que se les ha pagado no sé cuántos mil euros, etc. No se paga a las familias. Sí que se paga cierta destrucción que hay en casa. Si tú haces un programa de tv, y rompen puertas, a esa familia la recompensas de alguna manera porque eso ha ocurrido mientras estamos allí. Lo que sí que ganan es la terapia. Además, se les da de alta como primer trabajo los nueve días que están trabajando con nosotros y así ya tienen un expediente en la seguridad social. Es la mínima compensación y yo no me prestaría nunca a teatralizar. Lamentablemente lo que ocurre es cierto, pero no es que sea cierto porque salga en tv, sino que yo en el despacho cada día tengo bronca con chavales que no aceptan normas, incluso chavales que son menores de edad. 
Esos comportamientos están normalizados en esas casas. Por ello no necesitamos teatralizar ni pagar a nadie para que aumente, simplemente somos especialistas en hacer cosas que no les gustan y sabemos que van a reaccionar así. Si yo desde pequeño las cosas las consigo pataleando, de mayor me da igual que me estén grabando porque yo no siento ridículo al hacer eso, no tengo vergüenza, sino que creo que es la forma de conseguirlas. Todo lo que han estado haciendo hasta ahora no es lo correcto y su manera de pensar y de comportarse se viene abajo cuando yo hago que se den cuenta de ello. Consiguen lo que quieren, pero pasan por encima de ti porque además tienen a los padres sometidos. Es normal para ellos, da igual que esté el cámara.

¿Y después de marcharse de sus casas? ¿Se realiza posteriormente un seguimiento? Cuesta creer que realmente cambian y no vuelven a las andadas…
Con algunos sí se realiza un seguimiento, con otros no. El objetivo del programa es reconciliar a la familia, luego quedan muchas cosas por trabajar y eso lo hacemos a través de Sonia Cervantes y especialistas de la zona. En ocasiones les ponemos en contacto con educadores sociales o trabajadores para que sigan manteniendo eso, la búsqueda de trabajo, cómo hacer un currículum, etc. A varios les he perdido la pista, algunos sé que han vuelto a las andadas, pero otros sé que están muy bien.

¿En algún caso ha pasado miedo?
Miedo no, lo que paso es mucha responsabilidad. Me pongo muy tenso al pensar que si yo no ayudo a este chico, si no logro hacer que cambie la manera de pensar, cuando yo me vaya va a ser aún más tirano de lo que es. Me siento muy presionado, pero miedo no porque son chavales perro-ladradores, sí que te levantan la mano, te tiran piedras, te insultan… pero sabes por qué lo están haciendo, les estoy dando caña y no están acostumbrados a que les den caña. Es una reacción normal.

¿Y nunca ha querido tirar la toalla porque parecía imposible cambiar la actitud de un adolescente?
Hubo uno que como no escuchaba le tuve que poner un esparadrapo. Un rapero que escupía a su madre. La hermana era militar y vivía en Zaragoza, el tío no callaba. Estaba acostumbrado a las peleas de gallos y le decías “no estoy peleando, no quiero quedar por encima de ti, simplemente te estoy hablando para que entiendas tu comportamiento con tu madre, que le estás echando en cara una serie de cosas que no proceden”. En este caso sí que yo le decía a la directora que no podía, por ello le pusimos un esparadrapo en la boca para que escuchara.
Un caso muy duro fue el de Fany, pobre Fany. La madre renunció, grabamos una cosa con ella y no pudimos emitirla porque era muy bestia. Fany le preguntó a su madre por qué le había abandonado y ella le contestó que sí le llamaba por teléfono. Fany tenía un problema serio de autoestima y eso le llevaba a irse con gente no adecuada. Cuando le dijimos a su abuela que le diera una lección, que le quitara el teléfono, ella reaccionó mal y la agredió, la arañó. No era mala niña, al final yo siempre digo lo mismo: son buenos niños.

Su labor tiene un mérito enorme, por lo que imaginamos que mucha gente le pide consejos incluso por la calle… ¿Cómo le sienta?
Consejos profesionales no. Hay algo que me molesta mucho y es cuando la mayoría tiene problemas con un niño pequeño, que me vienen y me dicen que ya me llamarán cuando se haga mayor. ¿Por qué no prevenir ahora que no se comporten así? Eso me da un poco de miedo, ¿no están viendo lo que ocurre si no lo educas bien? Luego no podrán. No es lo mismo un berrinche de un niño de 2 años que uno de 18, de 14 o de 16. En cuanto al mérito, no es solo mío, hay un gran equipo detrás como Sonia Cervantes, la productora, y sobre todo los editores que luego hacen todo tan bonito. Son muchas horas de grabación que tienen que resumirse en 50 minutos y de manera que se entienda perfectamente la historia.

Además de los libros que ha escrito y de las conferencias y seminarios que imparte, ¿tiene algún otro proyecto en mente que le gustaría llevar a cabo?
El proyecto más interesante es el de “Aprender a educar”, abrir un espacio residencial para adolescentes donde haya técnicas reeducativas, no que sea un centro disciplinario de castigos, sino chavales que no están adaptados en el cole, que tienen problemas en casa, que no saben gestionar la frustración y muestran agresividad, a que estén integrados con la naturaleza, con el deporte, con profesores o terapeutas para que el día de mañana puedan valerse por sí mismos.

Cambiando de tema y para concluir, ¿cómo llevan sus hijas que su padre sea una de las personas que más sabe sobre la adolescencia y sus problemas?
Mis hijas han sabido diferenciar el Hermano Mayor con el padre, aunque sí hubo un momento de confusión. La pequeña me presentó en el colegio como Hermano Mayor y yo le decía: “hija, que soy tu padre”, parecía Luke Skywalker. Sí tienen muy claro cuál es mi trabajo en televisión y cuál es mi función de padre. Eso sí, ce cansan un poco cuando me paran para pedirme fotos, ellas se apartan y les molesta bastante. 

Próximamente nuestro artículo en "Aragón Universidad". ¡Esperamos que os guste!
 

jueves, 27 de febrero de 2014

Cristina Fuster: "Sin la participación de la sociedad, no hay investigación"

Zaragoza se une a la recaudación de fondos para estudiar las enfermedades raras

“Todos somos raros, todos somos únicos” es el lema de la campaña que busca recaudar fondos para dar continuidad a la investigación de enfermedades raras. La presidenta de la Asociación Aragonesa de Enfermedades Neuromusculares y vicepresidenta de la Federación Española de las mismas, Cristina Fuster, destaca el importante papel de la sociedad a la hora de involucrarse en este proyecto. Entrevista: Lara García


 ¿Podría explicar en qué consiste la campaña “Todos somos raros, todos somos únicos”?
La campaña nació el año pasado cuando el Ministerio de Salud y Servicios Sociales declaró el 2013 como el año nacional de las enfermedades raras. Las entidades Federación Española de Enfermedades Raras, la Fundación Isabel Gemio y nuestra Federación llevábamos muchos años reclamando conseguir un telemaratón como recaudación de fondos para continuar con la investigación de estas enfermedades. Por ello decidimos crear la campaña “Todos somos raros, todos somos únicos” como final del año nacional.


Como Asociación Aragonesa de Enfermedades Neuromusculares, ¿cuál es vuestra función?
ASEM Aragón pertenece a la Federación Española de Enfermedades Neuromusculares, que es la que representa a todas las asociaciones de Enfermedades Neuromusculares de España. De esta manera, nuestra principal función es apoyar lo que ellos están haciendo, ya que el fin es el mismo para todos.


Existen cerca de 7.000 enfermedades raras con una prevalencia baja, pero se distribuyen en varios tipos, ¿cuál es el tipo más común y de qué se trata?
           Las  enfermedades raras más comunes son las neuromusculares, que son las que tratamos en ASEM Aragón. La característica general es la pérdida de fuerza de los músculos. No obstante, son 150 enfermedades y, dentro de cada enfermedad, algunas tienen más de 40 mutaciones genéticas distintas, que según la mutación genética puede afectar de una u otra forma. 

     En la página web de la campaña, existe una sección exclusiva con testimonios de personas de todas las edades, incluso de niños de tres años que desconocen la enfermedad que padecen. En estos casos, ¿cómo se les ayuda?

En los casos de los niños, cuando tenemos fondos, contamos con un psicólogo que trata de ayudar tanto a los niños como a los padres. A las familias que menos recursos económicos tienen, les ayudamos con la rehabilitación, algo imprescindible para ellos. En la mayoría no hay tratamiento ni cura, así que lo único que podemos hacer es ofrecer la rehabilitación, intentar mantener los músculos activos durante el mayor tiempo posible para que puedan caminar y prevenir otros problemas como escoliosis, contracturas musculares, etc.


   El pasado 22 de febrero realizaron en Puerto Venecia un acto musical sorpresa. ¿Cómo fue dicho acto?

Contábamos con la colaboración de dos corales, con más de 80 personas. Queríamos hacer un evento muy visible donde pudiéramos dar a conocer el movimiento y sobre todo las patologías de las enfermedades raras. Conseguir llamar la atención de los medios y de la gente es hoy en día muy complicado, por ello pensamos que Puerto Venecia era un sitio interesante en cuanto al tránsito de gente que suele haber. Fue un acto de tan solo tres minutos, pero la gente se acercó y se interesó, que es lo realmente importante.


     Del 28 de febrero al 2 de marzo se llevará a cabo el III Rastrillo Benéfico con el objetivo de recaudar fondos para dar continuidad a estos proyectos. ¿Qué podremos encontrar en el Rastrillo?

Desde alimentación, ropa, juguetes, complementos de todo tipo, material escolar, libros, tendremos de todo. La mayoría totalmente nuevo, aunque también habrá cosas de segunda mano a muy bien de precio.


      Además de estos actos solidarios, la campaña surgió con el fin de realizar un Telemaratón patrocinado por RTVE y el Ministerio de Salud. ¿En qué consistirá?

Va a ser una gala que durará seis horas, desde las 17:30 hasta las 23:30h, en la que habrá muchas actuaciones, entrevistas a afectados, familias y también a profesionales. No te puedo adelantar mucho más, pero sin duda será una gala muy dinámica.
 
¿La participación de los ciudadanos es suficiente en este tipo de actos?
Tanto en el rastrillo como en el telemaratón, esperamos que la sociedad se vuelque porque si no se participa, no conseguimos recaudar fondos y, por lo tanto, no hay dinero para investigaciones.


¿De qué otra manera podrían colaborar con la asociación las personas que lo deseen?
Aquí tenemos trabajo siempre. Se puede ayudar de manera económica o como voluntarios. Por ejemplo, ahora para montar el rastrillo estamos tres personas. No solo hay que colocar todo, también organizarlo, atender los puestos… Lleva mucho trabajo y además van a ser tres días sin parar, desde las 10:00 hasta las 20:00h.


Además de esta campaña, ¿tenéis algún otro proyecto en mente?
El día a día de la asociación es bastante complicado ya de por sí. Por ahora nuestro objetivo es cerrar el rastrillo y el telemaratón, que lleva mucho más papeleo del que parece. Tenemos también una asamblea general y hay que terminar todo lo que supone una recaudación, ya que el 75% va destinado a la investigación y el 25% a proyectos de asociaciones de pacientes. Como evento visible de momento no hay más, pero evidentemente sí hay trabajo detrás. Eso sí, de aquí a primavera seguro que montamos algo como hemos hecho en otras ocasiones: andadas solidarias, rastrillos, comidas, excursiones, etc. Tampoco hay que olvidar la difusión y la publicidad que estamos haciendo en radios, televisiones y en prensa.

domingo, 26 de enero de 2014

Belchite: El dolor entre los escombros


Casas completamente destruidas, sin puertas, con sus muros caídos y cascotes por todos los rincones. Impactos de los proyectiles, incluso uno sin explotar. Sin duda, la muestra más clara de la crudeza de la batalla. Texto y fotografías: Lara García

Una puerta se abre. Dejo atrás la típica plaza de pueblo para adentrarme en un mundo totalmente distinto, algo de lo que mucha gente habla pero que yo jamás he visto. Comienzo a visionar el pueblo viejo de Belchite, pero este no es un pueblo viejo cualquiera. Es el reflejo de lo que ocurrió durante aquellos catorce días en el verano del 1937, el retrato de una amarga batalla. 
Incapaz de avanzar sin antes observar qué se escondía tras esa puerta, me encuentro paralizada en un lugar que hacía tiempo que quería visitar, uno de los pueblos más castigados de la Guerra Civil española. Un escalofrío recorre mi cuerpo al recordar que, 76 años antes, aquí mismo había tenido lugar una dura batalla que causó 6.000 bajas entre muertos y heridos.


Entre el 24 de agosto y el 6 de septiembre de 1937, el pueblo aragonés de Belchite quedó atrapado en una de las ofensivas republicanas más importantes hasta el momento. La localidad de aproximadamente 5.000 habitantes fue el escenario elegido para lograr el objetivo principal: la conquista de Zaragoza.


Bastaron catorce calurosos días para que la ofensiva fracasase y para que el pueblo quedara reducido a lo que hoy vemos, un gran revoltijo de escombros. Y allí, entre los escombros, yo misma puedo apreciar la extrema crueldad de aquella batalla. Recorriendo la calle principal, la Calle Mayor, incluso aparecen en mi mente miles de personas batiéndose unas a otras, a la vez que algunos cuerpos ya yacen sobre el asfalto. Parecía tan real… 


Poco o nada tiene que ver el pórtico con el resto del pueblo viejo. La entrada consiguió mantenerse en pie y está prácticamente intacta tras el paso del tiempo. Sin embargo, al caminar por la calle central, donde se encontraban las viviendas más ricas del pueblo, se observa que las fachadas de esos edificios apenas soportan el peso por el fuerte impacto que las balas y los artefactos causaron en ellas.


Conforme avanzo por las ruinas, un silencio sepulcral me acompaña por el camino. Es entonces cuando la guía que me conduce rompe ese silencio para contarme algunas de las curiosidades que ocurrieron en el pasado y otras que continúan sucediendo. Mientras me señala un edificio,  más bien lo poco que queda de él, explica: “En esta casa vivían dos señoras, Paulina y Antonia. Justo en ese momento de la batalla, estas dos señoras están tranquilas en su casa, pero de repente les cae un proyectil y ambas fallecen al instante”. Algo que, por lo que me cuenta la guía Nati, ocurría frecuentemente durante aquellos días.


La calle principal es bastante larga y los escombros se extienden a ambos lados por buena parte de la superficie. Casas completamente destruidas, con muros caídos, sin puertas, con cascotes saliendo de ellas casi interponiéndose en nuestro camino. Como si semejante atrocidad hubiese ocurrido ayer y no 76 años atrás. 

Continuamos andando y me topo con una X en el camino. Una X que “simboliza el dolor de un padre, ya que señala el punto exacto donde una niña de 15 años muere tras recibir un disparo de un soldado”, cuenta Nati. 

En aquella época, cualquier edifico se habilita como hospital, o incluso como cementerio. Los cadáveres se acumulaban, se descomponían debido al calor y por esta razón se habilitó una fosa común, un trujal, similar a un pozo de unos cuatro metros que se usa para almacenar aceite. El trujal que vemos pertenecía a una señora y en él se enterraron entre ochenta y noventa cuerpos. 


"Los cadáveres estaban irreconocibles y se decidió dejarlos en esta fosa. El monumento que vemos se inaugura ya en 1970 cuando viene el entonces príncipe de España, el actual rey Juan Carlos”, manifiesta Nati, quien añade que, unos días antes del Pilar del año pasado, unos fascistas visitan el pueblo viejo y destrozan la placa de la fosa a martillazos.




Una vez recorrida la calle principal y tras pasar por otras calles más estrechas, llegamos a una plaza y aparecen a lo lejos las maravillosas iglesias de San Martín y de San Agustín, además de la Torre del Reloj. Una torre de gran altura que permanece como una de las construcciones menos perjudicadas.  

Al llegar a la Iglesia de San Martín, una frase escrita en la puerta firmada por un tal NB dice “pueblo viejo de Belchite, ya no te rondan zagales, ya no se oirán las jotas que cantaban nuestros padres”. Al cruzar esa puerta, la impresión es mayor al apreciar los impactos de los proyectiles por todo su interior. Además, en alguna de sus paredes, se puede distinguir el color azul que predominaba en el pueblo viejo durante aquella época. 

A la izquierda, y desde el interior de la Iglesia, se ve el convento de San Rafael, del cual solo queda la fachada principal que, además, es sostenida por gruesas maderas. Me dirijo como último lugar a la Iglesia de San Agustín, en la que se hace un agujero para entrar a tomar el pueblo.
En el alto campanario todavía queda un proyectil que no explotó, como si de una botella incrustada se tratase. Aunque también se puede ver el impacto de otros proyectiles que sí estallaron. Un edificio muy dañado, del cual solo persiste la torre y una cúpula bastante perjudicada, con un interior devastador que nos permite conocer en mayor medida el terrible pasado que se vivió en esta población.


El esqueleto del pueblo viejo de Belchite es, sin duda, un sobrecogedor testimonio de las consecuencias de la Guerra Civil, la mejor muestra de lo que fue aquella batalla. Sin embargo, me gustaría charlar con alguien que sufriera en primera persona semejante acontecimiento histórico. De aquellos que lucharon ya no hay supervivientes, pero sí de aquellos que vivieron la batalla. En aquel entonces eran niños que hoy en día todavía no han podido olvidar esos duros momentos.  

Para ello, conmovida por la situación, abandono el pueblo viejo y me acerco al pueblo nuevo de Belchite en busca de esos ancianos. Apenas había gente por las calles, pero con suerte, y tras preguntar a un par de personas, me encuentro con Julián, de 87 años.

“Yo tan solo tenía 11 años, pero el sufrimiento y el dolor de esos días es difícil de olvidar y duro de recordar”, explica Julián, quien perdió a su tío en la batalla. “Fue algo horrible. Como mi padre decía: La sinrazón y la muerte solo conducen al dolor y a la destrucción. Nosotros sufrimos mucho”, desvela el anciano.

Muchas son las leyendas que cuentan que los protagonistas fallecidos todavía pasean por sus calles. Leyendas que han aumentado debido a la gran existencia de psicofonías que se han escuchado al dejar las grabadoras. Unas claras y otras no tan claras, pero Belchite es uno de los lugares en los que más psicofonías se han registrado.

“Se dice que en algunas de las psicofonías se oyen voces acompañadas de ruidos de aviones, de bombas, de disparos o de llantos. Cuesta identificarlo, pero sí es verdad que hemos escuchado cosas. Incluso se han roto cámaras al fotografiar las ruinas”, cuenta un vecino del pueblo llamado David. “Muchas historias serán falsas, pero está claro que algo hay”, añade.

No solo se habla de psicofonías, sino también de sombras que aparecen en fotos o de campanas que vuelven a sonar tras años de su desaparición. Curiosamente, al llegar al pueblo viejo para comenzar la visita, una campana sonó… ¿sería el niño juguetón, que se comenta que suele asomarse en lo más alto del campanario, quien las tocó?

Prefiero no darle más vueltas y concluir mi paso por Belchite. Eso sí, me marcho con una escalofriante sensación tras haber conocido de cerca los horrores de la guerra, sus consecuencias más directas y el dolor percibido entre sus escombros. 


martes, 3 de diciembre de 2013

El Rincón de Jorge y sus amigos



S 

on las 20:00 p.m. y la céntrica Plaza Santa Marta resplandece como de costumbre. Los bares ya han encendido sus luces. El rojo pasión de la Cervecería Marpy destaca sobre el resto. Un grupo de personas entra en este prestigioso restaurante, pero además se adentra en un verdadero museo taurino. 
 Texto y fotografías: Lara García


Nada más abrir la puerta, una cabeza de toro colgada en la pared parece saludar. Decenas de tapas con una exquisita pinta sobre la barra y, tras ella, camareros con chaquetilla torera que atienden a los clientes.
Mientras, una joven pareja recorre todos y cada uno de los rincones del restaurante. Se asombran y comentan conforme van contemplando las más de mil fotos, principalmente relacionadas con la tauromaquia, que cubren al completo las paredes del Marpy. 

“Nunca habíamos estado en este bar. Nosotros somos de Toledo, hemos venido a pasar el fin de semana y unos amigos nos recomendaron que lo visitáramos”, explica Carmen Viñas. Estos dos jóvenes aseguran que no esperaban encontrar tantas fotografías ni tantos detalles taurinos. “Es un bar distinto, pero la verdad que nos ha encantado. Además, hemos visto que muchos famosos han pasado por aquí, ¡hasta Armani!”, afirmaba sorprendida Carmen Viñas. 

Y es que, en una de sus paredes, se aprecian gran cantidad de imágenes de personas conocidas tomadas en dicho restaurante. El dueño de “El Marpy”, Jorge García, termina de servir una copa de vino a un cliente y se dirige a la pared denominada “El Rincón de Jorge y sus amigos”. 

“Durante estos casi 30 años que tiene el bar, por aquí han pasado desde toreros, deportistas, árbitros, actores hasta presentadores y cantantes”, declara Jorge. Algunas de las figuras más destacadas que han visitado este establecimiento son el diseñador de moda Giorgio Armani, el presidente del Gobierno Mariano Rajoy o el emblema de la canción española que nos dejó hace un mes, Manolo Escobar. “También han venido a nuestra casa otros como Andy & Lucas, Gabi Fernández, Horace Grant, Carlos Cabezas, Pablo Aguilar, Mariano Peña, Sonia Ferrer o Cayetano Martínez de Irujo”, continua Jorge. Sin olvidar a auténticos maestros del toreo como Rafael de Paula, José Fuentes, Juan José Padilla o Espartaco.  


Rosa Mª Lledó, esposa de Jorge, revela la anécdota escondida tras la foto del ilustre diseñador de moda: “Nos llevamos una grata sorpresa cuando vimos aparecer por la puerta al mismísimo Giorgio Armani. Fue curioso porque aceptó hacerse fotos con todas las personas que quisieron, pero con una condición, que en estas saliera sentado. Que cada uno lo coja por donde quiera”.

También visitó “El Marpy” el actual Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, acompañado por toda la corporación del Partido Popular. “Un día nos visitó el presidente del Gobierno, Don Mariano Rajoy. Él salió encantado”, señala Jorge García. Sin embargo, también cuenta que por este motivo aparecieron los GEOS acompañados de perros policía: “Al entrar al bar, los perros empezaron a ponerse un poco nerviosos por las dos cabezas de toro que tenemos colgadas”.

Tantas son las personalidades y famosos que han pasado por este bar y tantas las anécdotas, que a sus dueños les resulta complicado quedarse con una de ellas. Jorge, finalmente, elige una de las más emotivas: “El ex jugador del Real Zaragoza Fernando Cáceres, “El Negro”, vino a cenar con unos amigos hace cuatro años, exactamente dos días antes de que recibiera varios disparos en su casa de Buenos Aires. La noticia nos entristeció mucho pero Fernando ha evolucionado considerablemente desde entonces”, asevera Jorge García. Fernando ya ha vuelto al Marpy en dos ocasiones y esperan que sean muchas más. “Siempre es un placer verlo de nuevo por aquí ya que nunca le falta el sentido del humor”, confiesa Rosa Mª Lledó.

Mientras los clientes que llegan van ocupando las mesas, otros famosos irán visitando “El Marpy” para dejar su huella entre estas paredes.  Aunque Jorge García comenta que “lo importante es el cliente de cada día”.







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